Esta señora que se ha puesto no sé si a bailar o a hacer gimnasia tal como la trajeron al mundo, pero más crecida, presenta unas muy bien moldeadas formas, de muy buen ver y seguramente acariciar, pero la muy inocente no debe saber que, en una época de involución como la que estamos pasando, a lo mejor está atentando contra las muy estrictas normas de la casa donde cuelgo la fotografía, siempre velando por no dañar las mentes, que se ve que se de resienten, de un retorcido grupo seguramente poderoso, al que quieren respetar.
De todas formas, tan bien colocada como está, en un rincón estratégico de Reus, no me resisto a dejar de observarla estos últimos años cada vez que, como hoy, paso por la ciudad.

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