La atracción que ejercen las grandes estaciones de tren. Siento un claro desasosiego cada vez que pienso que a la que acaben las obras de la plaza de las Glorias le llegará el fin a la Estación de Francia que, de acuerdo, no quisieron conectarla bien con el transporte público y me cae lejana.
Aún así me gustó ver su magnífica estructura, la apresurada llegada de gente a la ciudad para ir a trabajar, estas cosas. Pese que, al asomarte a los andenes para ver los trenes, la ausencia de una buena locomotora, o de algún tren de categoría, disminuyera la impresión general.



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