jueves, 25 de julio de 2019

Cardedeu

Eso de tener una edad, que se dice (la “una cierta edad” a la que apuntaba Marcos Ordóñez), te permite apreciar el extraordinario cambio sufrido por los pueblos catalanes, muchos de los cuales han pasado a ser ejemplo de calidad de vida.
Ayer tenía que estar a media mañana para acabar un trabajo en Cardedeu, y quiero ponerlo como ejemplo. Localidad de veraneo desde final del siglo XIX, quedó trufada de singulares “torres” con jardín, pero a partir de la extensión del uso del coche, como otros sitios que se decían erróneamente “de montaña”, llegó la decadencia. El recuerdo que tenía de Cardedeu era el de una población ruidosa y ennegrecida, cruzada por una saturada carretera, en la que si se paraba era para comprar sus típicos “borregos” o “carquiñoles”. El salto dado desde la llegada de la democracia es, creo yo, espectacular:
Empecemos por el tren: en 40 minutos, con frecuencia de unos 30, te plantas desde el Paseo de Gracia en el centro de la población. Si sobrevives a la solana de sus andenes, basta con cruzar la carretera y ya estás en su eje principal, que en un par de minutos de vía pacificada de automóviles, te deja en la plaza de la iglesia, sembrada de tranquilas y sombreadas terrazas de cafés. Unas cuantas panaderías, alguna situada en uno de los edificios noucentistas o modernistas restaurados, ofrecen su buscado material y, caminando un minuto más, te llegas hasta donde se inician las torres de veraneo y se encuentra el Esbarjo Cinema, uno de esos cines recuperados para la causa, programado hasta hace poco por los que gestionaban el cine Verdi, que atrae a ver buen cine a gente de toda la comarca.


Uno de los cafés de la plaza.


El Esbarjo Cinema, ahora cerrado hasta septiembre. Un error, desde luego, porque aún hay gente que veranea por ahí y podrían disfrutar de él.

Los relieves de la fachada de la iglesia. Detrás suyo, una ermita románica.

Una floristería situada en los bajos de un edificio del cambio de siglo restaurado.

Saliendo de la plaza de la iglesia, ya encaminándote hacia la estación.

Se estacionó el camión Justo cuando iba a sacar la foto. Tiene pinta de ser la calle mayor y, en tiempos, la carretera.

Un pequeño café, forrado de antiguas fotografías, de muy buena pinta.

Y una puerta muy sólida.
 

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