Quedo atrapado por la atracción de la doble o triple representación que suponen las sesiones fotográficas impuestas a las parejas de novios el día de su boda. Así, cuando topo con una de ellas, no puedo evitarlo, se me van los ojos... y la tableta.
La vieja tableta sacó esta foto en junio del año pasado en la terraza de Brühl de Dresde, uno de los escenarios de la ciudad reconstruidos, entre otras cosas, para que novios orientales como los que se ven en ella vayan de buena mañana, cuando no está abarrotada de gente, y puedan utilizar sus perspectivas de fondo para quedar inmortalizados no bien bien en ese momento (en el que los pobres deben sufrir hasta la extenuación), sino en lo que las convenciones dicen que debe representar ese momento.
Pagarán una buena pasta por el reportaje (bueno: quizás éstos no, pues más que un equipo contratado, los que están haciéndolo parecen unos amigos encarnando su impostura), enviarán unas cuantas fotos o entregarán de regreso a su país el reportaje entero a sus amigos y eso hará que se reproduzca el ciclo en un próximo futuro con alguna pareja, que viajará a Dresde, pues la considerarán escenario perfecto para su reportaje de bodas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario