Lo primero, viendo el letrero, es emocionarse. Te imaginas a un personaje de Azcona yendo ahí para alquilar un traje de etiqueta y con él asistir a los premios del “Certamen poético-literario Don Julio González Pósito”, al que llevó un soneto.
Luego, viendo el Chanel y el Louis Vuitton de los pequeños escaparates, la emoción decae, y solo te queda lo sórdido de entonces, ahora profundamente perfumado.

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