Una de las cosas que me deslumbraron de Buenos Aires -no hay que reírse- fueron sus “playas de estacionamiento”, es decir los enclaves de la ciudad, aprovechando un solar o los bajos de un edificio, que ofrecen plazas de aparcamiento por horas para automóviles.
Todas suelen ser muy curiosas, diferentes de las que pueden encontrarse por Manhattan por varios motivos, no siendo menor el de su austera, pero cuidada decoración. Colgaré por aquí alguna foto para que se me entienda, porque yo también, siguiendo el impulso de mi hija Mar, a la que le gustan un montón los vacíos entre casas producidos por el derribo de un edificio y cosas así, me puse a hacerles fotos a la que veía alguna destacable.
Pero así puestas las cosas, de las playas de aparcamiento a las plantas y edificios para aparcar coches hay poco trecho, con lo que también desvié la mirada -y la cámara- hacia algún que otro garaje. Es el caso de esta foto, que me gusta mucho, hecha con una cierta paciencia, esperando que por delante del motivo pasase esta chica que, además de dar vida a la imagen, redondeaba la composición.

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