Dirías que estás en una expedición en medio de una formación rocosa, en un desierto de la Península Arábiga, pero poco antes has estado viendo una abrupta costa, con rocas de formación volcánica, con lo que algo falla. Es una pequeña zona, que si no se toman medidas está en peligro inmediato de extinción, en la isla de Porto Santo, a dos horas en ferry de la tropical isla de Madeira.
Los turistas van a Puerto Santo para disfrutar ahí de lo que no encuentran en Madeira, una extensísima playa de arena, de unos 9 Km. Lo que seguramente no saben, y de lo que yo me enteré gracias a hacer uno de esos denostados viajes de grupo, si bien "especializado", es que esa arena en la que se solazan a tomar el sol y a lo que se tercie dentro de lo recetado para la buena vida, es biogénica. Es decir: que tiene un origen orgánico, y no viene de la descomposición de minerales, como estamos acostumbrados por otros lados.
Explico la historia, que parece un cuento fantástico: en el norte de la isla había una gran colonia de corales, pero éstos sucumbieron (estamos hablando de tropecientos años atrás) a algún problema cósmico o local. Con el tiempo, los corales se fosilizaron y el viento los fue deshaciendo y arrastrando, ahora ya en forma de arena, hasta el lado sur de la isla, donde se mantiene gracias a ser esa una bahía protegida de las corrientes por un par de islas en sus extremos.








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