Nada, un recuerdo del teatro del Millenium Park de Chicago. Diseñado (las volutas esas de planchas metálicas que envuelven el escenario lo delatan) por Frank Ghery, acoge con el buen tiempo a miles de personas, atraídas por conciertos gratuitos. Se colocan en sus limitados asientos con respaldo, en sus escasas gradas o por el césped que, si el concierto vale mínimamente la pena, queda invadido por venga asientos o protectores de la humedad de todo tipo traídos de casa, junto a lo necesario para un picnic.
Recuerdo un momento de apuro en el que, algo azorado, sentí realmente dónde estaba: La orquesta inicia el himno americano y absolutamente todo el público se pone en pie a cantarlo, con o sin la mano en el corazón.
Las fotos son de junio del 2016.
La pacífica invasión.
Todo funciona a base de voluntarios.
El momento de apuro. Me levanté para hacer el paripé al ver que todos se ponían de pie y cantaban el himno. No me sentí nada cómodo.






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