Desde un agujero de la valla, toda la imponente fachada este.
Rodeando Yuso, el monasterio de abajo. Si Suso es la delicadeza, la buena integración con el entorno, Yuso es la grandiosidad. Parece que te hayas encontrado de repente con El Escorial.
Está curiosa la leyenda bajo la que se esconden las razones de su fundación original, en el siglo XI, cuando se les hizo pequeño el monasterio de arriba y debieron pensar que el llano daba para más: trasladan, por orden del rey de Navarra los restos de San Millán desde el Monasterio de Suso a Nájera, la capital. Pero cuando llega ahí la carreta con la carga, los bueyes no quieren dar un paso más: Señal divina.
La mole actual toma su aspecto exterior de su reconstrucción en estilo herreriano, que es el que le da esa magnificencia. Todo su interior quedó hecho unos zorros tras la desamortización, hasta que los Agustinos Recoletos (los anteriores habían sido los benedictinos) lo compraron y siguen explotando ahora (mientras que Suso no es privado, sino público): Tienen unos cuantos miles de metros cuadrados a su servicio, por lo que están a sus anchas y aún les da para vender visitas a claustro, Iglesia y sacristía con piezas restauradas, alquilar un buen cacho a una hostería donde se come muy bien, etc.
Las fotos son de un agradable paseo por su exterior, rodeándolo por completo. Es quizás la forma de apreciar su poderío. Aún conserva buena parte de sus tierras de cultivo en activo, cercadas por una buena valla que se extiende mucho más allá.
Recorrida toda la calle del pueblo, una calle baja hasta el sendero del río (ver los árboles de ribera al fondo) rodeando la enorme huerta este del monasterio.
Por una brecha.
El sendero que sigue el riachuelo. A la derecha, la valla del monasterio.
Vuelta a entrar en el recinto, ahora en la huerta oeste, convertida en buena parte en aparcamiento.
La entrada al monasterio (a la derecha). A la izquierda, la iglesia.
Desde la carretera, ya abandonando el valle.








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