Ahora ya no recuerdo el nombre de la señora de la foto. El caso es que estaba al cuidado de la Iglesia de Nuestra Señora de la Aurora de Grazalema, la del final de su paseo-plaza, y que nos abrió para enseñarnos y que curioseáramos a gusto la sacristía y lo que en tiempos fue la vivienda del cura.
La iglesia, al final del paseo.
Al entrar, la planta redonda con, al fondo, el apéndice del altar. Pero por las cuatro esquinas espacios bien aprovechados.
La cúpula central, que sobrevuela casi toda la superficie de la iglesia.
El lavadero y patio de la casa del cura, en una de las esquinas.
En otra esquina.
La sacristía, para cambiarse el cura, que ahora hace una ruta, llegando de otro pueblo, y yéndose después de haber hecho la misa.







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