This is Paulina. Paulina is a station of the 'L' Brown Line to Kimball". El verano pasado fuimos a ver a una hija que disfrutó todo un año de una beca en Chicago. Había alquilado un apartamento en un bloque que daba justo encima de esa estación del metro elevado, y toda la noche, a la llegada de un convoy, los altavoces soltaban ese sonsonete para dar la bienvenida y situar a los eventuales pasajeros, muy escasos de madrugada.
Cuando la visitamos quedamos escandalizados por el ruido del tren, coronado además por esa martilleante frase, y, pensando en cómo debía ser de molesta toda la noche cruzada por ese aviso en cada ocasión en que justo fuera a alcanzar el sueño, tildamos la cosa de insoportable. Pero ella decía que ya ni lo oía, que se había acostumbrado.
Ahora dice con un tono de nostalgia que, según cómo, hasta lo echa en falta. Quizás desarrolló ese sentimiento de pertenencia y dependencia emotiva que poseen los de Chicago. Cuando algún visitante siente el maremagnum sonoro y el temblor que ocasiona el paso de un tren por encima de sus cabezas en el Loop, en el mismísimo centro de la ciudad, y les pregunta cómo lo pueden soportar, contestan que no podrían vivir sin ello, que les trasmite una energía increíble.
La estación de Paulina, de la Línea Marrón del tren elevado, en Chicago.
Atrás, el robusto bloque de apartamentos.
Mirando la estación desde la escalera de incendió del bloque.
Otra igual. Al fondo, las torres de por Lincoln Park, junto al lago Michigan.




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