Ahora que estamos aún en tiempo de playas, una de las playas más céntricas de Chicago, de hace un par de meses. Se accede a ella desde la desembocadura de Oak Street (en el barrio más chic, lleno de tiendas y restaurantes de moda) en Michigan. Pero, como se debe franquear el Lake Shore Drive, una auténtica autovía que hace las veces de inhóspita barrera, debes utilizar un bochornoso túnel peatonal, de esos que se inundan en cuanto llueve. A la que estás al otro lado, y sales de la ratonera, te encuentras con una pista en la que resultas arrollado por algún chicaguense, siempre dispuesto a machacarse el cuerpo impulsando con fuerza una bicicleta o un patín, o bien corriendo como una locomotora.
Levanten la barbilla sin miedo todos los del Maresme que se avergonzaban de cómo debían acceder a las playas, saltando la barrera de la Nacional II y el tren.
Oak Street creo que es la perpendicular del fondo, pero la foto puede dar una idea sobre el barrio...
El único y bochornoso acceso directo (tras un par de semáforos, cociendo esta rampa en diagonal) a la playa de Oak Street. Al fondo se ven los coches de la N. Lake Shore Drive en un atasco.
Con algún charquito para hacer más ameno el trayecto.
Voilà!
Detrás de las cercas, las rampas y escaleras del acceso peatonal.
No pude fotografiar a ninguno de esos energúmenos que se machacan el cuerpo corriendo o yendo en bici, por eso de su poco tiempo de exposición.
Y de regreso al acogedor túnel. Al fondo, una primera línea de habitáculos muy caros, pero con un ruido ensordecedor. Detrás suyo, la exclusiva zona residencial de Astor Street, con viviendas de poca altura: La Gold Coast.
Y esto ya es el inicio de la parte comercial (tiendas standard, sin ningún interés) de la Michigan Avenue, siempre atascada. Le han puesto el cursi nombre de "La milla de oro". Con este nombre ya puedes suponer lo que te espera: huir.









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