"¡Como el Checkpoint Charlie!", ha exclamado Teresa. Esa sería la visión festiva, porque ese es ahora un lugar turístico retro de Berlín, pero caben otras miradas. Hilario J. Rodríguez ha colgado estos días unas cuántas fotos de una frontera de Costa Rica. Lo mínimo que se puede decir de ellas es que no son nada tranquilizantes. Como no sea la de El Vaticano (y aún, que los guardias suizos gastan unas formas que ya ya...) no hay frontera que no me ofrezca un respeto, si no me da directamente miedo. Aunque esté medió destartalada como ésta, la de Porbou/Cerbère.
Pongo primero esta foto porque la señal -"Ralentir, Police"- que se ve guardada en el interior era la primera que salía al paso del viajero. En castellano, claro, si venías del sur...
Tras las varias señales ésta era la visión general de lo que te encontrabas: pabellón de la policía española -"¡pasaportes! ¿Algo que declarar?" Y una mirada a todos los pasajeros que hundía a más de uno-, respiro y pabellón de la policía francesa. Si la cosa se complicaba o simplemente -en los últimos tiempos- se buscaba algún souvenir, parada y entrada en los edificios de la derecha.
En sentido contrario.
Tanto misterio, tanta presencia intimidante, y resulta que de estos elementos estaba formada la garita de la policía española. Una mísera mesa, un armario y cajones, unas pocas sillas de oficinista forradas de plástico verde (el color del Cuerpo), un botiquín, un mocho para fregar, un perchero para los abrigos, que si se desata la tramontana...
El bar y puesto de souvenirs.
Las aduanas francesas.
La vista que tenían desde ahí.










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