Cualquiera que haya estado por Chicago dirá con razón que uno de los elementos más característicos de la ciudad es su "L", su metro elevado. El ruido enorme que hay por las calles, por su tráfico, se convierte en estrépito cuando las continuas sirenas o bocinazos de los bomberos anuncian su presencia, o -sobre todo- cuando pasa por encima de la cabeza del paseante, por unos raíles colocados en unas oxidadas estructuras metálicas, un convoy de sus plateados vagones.
Un recorrido por fuera del centro en cualquiera de sus líneas o de una línea como la marrón por el Loop ofrece, además, unas vistas impresionantes de los edificios de la ciudad.













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