Pues me parece que siguen siendo sevillanas, pese al aire de multinacional que les da su resplandeciente tienda de la plaza San Fernando de Sevilla, toda una aparición. Poca broma con las tortas de aceite de Inés Rosales. En un Casa Ametller he encontrado como producto navideño unas sin azúcar, que cambian un poco el sabor de "las legítimas", aunque siguen estando buenas, dándote la esperanza de que no engordan tanto, pero resulta que en su tienda sevillana se descubre que las hacen de varios sabores. ¿A qué esperan para importarlas con cualquier otro motivo?
Recuerdo a mi padre iniciándome en los cortadillos de cidra de Inés Rosales, comprando un par en un colmado de la calle Vergara o Pelayo, y vete a saber cuál sería, porque lo que sí estaba en la calle Pelayo era el Forn del Cigne, a cuyas tartas individuales de manzana debo un tardío acercamiento hacia los gustos, hasta entonces nunca comprendidos, de mi padre.
Él explicaba que estaban hechos en Castilleja de la Cuesta, un pueblo de la provincia de Sevilla al que acudía de crío con amigos en bicicleta, y del que enseguida comprendieron porqué tenía este nombre.



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