sábado, 2 de enero de 2016

Calle Sierpes de Sevilla

En la calle Sierpes es donde te encuentras gente, me decía por aquí en un comentario una amiga que, como había vivido en Sevilla, no puede ver las cosas de la misma forma que otros catalanes que no lo hayan experimentado.
Cuando por 1979/80 estuve yendo por trabajo a la ciudad, era una calle que no me resultaba agradable. Siempre llena, masiva, intentaba huir de ella, y solo me resultaba curioso el sistema de entoldado para evitar el sol y calor, a base de unas curiosas velas.
En una ocasión posterior fue Teresa la que iba por trabajo a Sevilla y yo acudí el viernes para estar el fin de semana y regresar con ella. Como era poco tiempo, me dije que no llamaría a María, a la que hacía tiempo que no veía, y reencontrarla no era cosa de un momentillo. Pero desplazándonos de un lado a otro, como es una calle difícil de obviar, pasamos por la calle Sierpes, y nos chocamos frontalmente. Vaya la sorpresa. Ella había ido a comprar unos regalos, apoyada en una lista muy específica ya preparada. Quedamos para más tarde y hasta estuvimos en un barco semi vacío amarrado junto a la Torre del Oro en el que un grupo de japoneses más serios que la una daban unas palmas muy extrañas cuando se lo pedían los que los habían dirigido al espectáculo de sevillanas. Fue divertido y estuvo muy bien, pero María aún no me ha perdonado el feo de no haberla llamado. O sea que sí, que corroboro que en la calle Sierpes se encuentra la gente.
Esta vez, haciendo notar que uno cambia, quizás porque todo ha cambiado, me ha gustado la calle. Aunque al ser invierno no había toldos y el sol yendo hacia el sur te cegaba y no te dejaba casi verlos, me han gustado los comercios en los que antes, nervioso por salir de ahí, no deparaba. Alguno de los tradicionales -y pongo una foto para demostrarlo- ha cerrado, pero quedan aún, desde la perspectiva de Barcelona, bastantes. Y otra cosa que diferencia las calles centrales de ambas ciudades: en la calle Sierpes son los locales, y no los turistas, los que la siguen mayoritariamente recorriendo.
¡Ah! En esta ocasión, aunque sólo íbamos a estar un par de noches en la ciudad, avisé previamente a María, y quedé con ella un tiempo, que casi sólo sirvió para actualizar un poco los ficheros respectivos.













 

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