martes, 17 de noviembre de 2015

Igualada


Hoy he vuelto a Igualada. La primera constatación es que ha bajado la temperatura, y con un vientecillo insidioso se nota un montón. Tenía una cita a las 19,30h, pero he llegado con la suficiente antelación como para dar un buen vistazo al centro, dejando atrás el Passeig Verdaguer. Hemos empezado mal. Me he dirigido a la oficina de turismo, moderna, bien puesta, con horario amplio -hasta las 21h-,... pero cerrada. Me he aventurado entonces por lo que se veía el casco antiguo. Tiendas modernas, muy vacías, dos o tres personas yendo de un lado a otro. Un ayuntamiento patapúm, edificio de La Caixa de cuando se ponía a hacer caserones imitando no se sabe qué medieval, iglesia abierta pero en tinieblas. También, por todos lados, carteles metálicos recientes, muy bien hechos, que informan de las cosas más notables.
Llegado a una plaza, he visto un cartel que señalaba hacia un "museo", y he ido en su busca. Había un segundo, pero ahí se perdía la pista. Buscándolo he entrado en otro mundo, de finales del XIX. Naves de la revolución industrial, con autoclaves, prensas y ambiente húmedo y algo siniestro. Deben ser de las empresas del cuero que quedan, supongo.
El museo, un antiguo vapor restaurado, es el museo de la piel. Ya estaba cerrado. He vuelto al centro, y he recorrido la Rambla y alrededores. Se intuye que fue un bulevar de esos trazado con tiralíneas, sin tener en cuenta sobre qué estructura se hacía, y entonces salen de él una serie de pasajes largos y estrechos. Uno de ellos deja descubrir el Ateneu, y otras cosas.
Esto es un aperitivo. En otro momento colgaré alguna cosa específica, ya sólo parcial.





 

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