Hoy he ido también pronto a mi cita en Igualada. He cruzado rápido la ciudad, para intentar ver el museo, al que el otro día llegué demasiado tarde. Puerta abierta, luces encendidas, pero el responsable me dice que hoy está cerrado, y que si lo veo abierto es porque había habido una visita de grupo concertada. Me ve negro con el horario de la oficina de turismo (¡de 19 a 21h!), hundido por ser el segundo día que me quedo sin ver el museo. Es un tío amable, y me llena de folletos e información de Igualada, y luego me dice que, ya que estoy ahí, me deja dar un vistazo. Vamos: me hace una visita guiada para mí solo. Me va informando tanto del proceso de fabricación del cuero (suelas) como de la historia local e industrial de la ciudad y, gracias a sus indicaciones, luego vuelvo al centro pasando por el Rec, el canal que suministraba el agua necesaria para las industrias de la ciudad, de las que me comenta que viven aún treinta (dando empleo a unas 800 personas). Vuelvo a ver el paisaje de la época de la revolución industrial que tanteé el otro día. Podrían poner una puerta y una taquilla en su entrada, y prometer sensaciones únicas.
Luego he cruzado el casco antiguo, haciendo fotos de alguna tienda y pasaje curiosos, y me he dirigido hacia Can Font, un vapor convertido en biblioteca en el que he pensado que podría esperar mi hora sentado y calentito. Se ve que los igualadinos no están acostumbrados al frío de su país, y habían tenido la misma idea que yo. Todas las mesas están llenas, y he tenido que subir a la segunda planta para encontrar un hueco. Me quito bufanda, abrigo y jersey, y escribo esto. Cuelgo las fotos del Rec y de la zona industrial (otro día otras), y me voy a mi cita, que igual hasta llego tarde y todo...





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