miércoles, 7 de octubre de 2015

Trentemoult


Trentemoult es para mí un (nefasto) ejemplo de qué destino espera a los pueblos cercanos a las grandes ciudades que buscan fórmulas de supervivencia de acuerdo con el sistema económico establecido. Es, todo él, un escaparate sin vida propia, un parque temático, que explota su "tipismo" superficial, acentuado desde algún estudio urbano, para constituir la forzada oferta de "Une partie de campagne" para los habitantes de la ciudad.
Fue, dicen las guías, un pueblecito pesquero, perteneciente al pueblo industrial de Rezé, al otro lado del Loira. Ahora todo el conjunto forma parte del municipio de Nantes. Alguien "imaginativo" del ayuntamiento se sumó, digo yo, a las peticiones de algún habitante que no quería ver su pueblecito arrasado, y le buscó un futuro económico. Sus pocos comercios, en primera línea de mar, fueron sustituidos por locales de ocio en espera de que los nanteses fueran a consumir. El ayuntamiento les puso un embarcadero y una línea fluvial de conexión con la ciudad, mientras que los lugareños (que, habría de consultar archivos, pero estoy convencido de que ya no son lugareños) conservaban y acentuaban las antiguas marcas exteriores de los comercios y hasta pintaban sus casas para darles el tono de "apacible pueblecito" requerido.
En verano y fines de semana soleados sus terrazas rebosan y sus Callejas se llenan de gente en procesión, armados de cámaras, que admiran y perpetúan lo mono que ha quedado. Es una modesta industria turística. Modesta, pero industria, al fin y al cabo. En lo que están convirtiéndose tantos sitios.








 

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