El circuito Mataró - 4
El clásico era Plaza Santa Ana – Riera – Robafaves (¡snif!) – Plaza Santa Maria – Calle Santa Maria – Peixeteria – Y otra vez a la Plaza Santa Ana.
Desde la plaza, la estrecha calle Santa María había albergado la que para mí era la parte más misteriosa y atractiva de Mataró. Comercios tradicionales auténticas cuevas de tesoros, edificios antiguos irrepetibles. Ya no, pero aún conserva, según cómo le de, parte de su aroma.
Aún hay por las mañanas en El Rengle, con esa estructura modernista que milagrosamente se ha salvado.
En la misma plaza, choque con una realidad que no puede olvidarse. Ya es sólo fachada.
Dicen que también la decoró Puig i Cadafalch. De todas formas, es tan reluciente y aparatosa que no es de lo que más me atrae. A mí, personalmente, me gustaba mucho más el colmado atiborrado de enfrente, y su anciano responsable.
Puig i Cadafalch -ahora dice una animalada, para ser condenado eternamente a la hoguera- pone a veces ese énfasis tan patapúm en sus obras que a mi se me puede hacer hasta ridículo por grandilocuente. Esas neveras y esos angelitos dorados tienen un empaque pomposo centroeuropeo que... (Depositen sus razonadas críticas a mi exabrupto en la sección de comentarios, por favor)
En esta parte ensanchada habían dos o tres tiendas muy curiosas, que paso a paso se van banalizando.





No hay comentarios:
Publicar un comentario