Para bien o para mal, noto que voy cambiando. De las primeras casas de estilo georgiano que vi recuerdo que me gustaban sus coloridas puertas, que me dedicaba a fotografiar repetidamente. Ahora, lo que más me atrae son esas fachadas tan desnudas y limpias, con sus ventanas de rectangulares a cuadradas, y un interior holgado, que permite respirar confortablemente. Parecen surgir directamente de una lámina perfectamente dibujada y entonces, esas puertas, realzadas con sus relieves y colores, me parecen hasta una exageración, superfluas.
Hemos recorrido, después de esa reflexión, unas cuantas calles en busca, si no de una imposible visión frontal y algo elevada que tradujera eso, de una casa "perfecta", que no hemos encontrado. Hemos descubierto entonces que todas esas que parecen iguales siempre son diferentes, y tienen algo que las aleja del ideal: Ahora unas nuevas ventanas abiertas que rompen el diseño global, ahora una carpintería diferente en la ventana, ahora una zona soleada dividiendo en dos la fachada,...

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