Toda catedral tiene su obispo. El pasado mayo tuvimos la oportunidad de ver al de Nantes ejerciendo su autoridad. No presidiendo el ritual, porque no presenciamos la misa, pero sí luego, en olor de multitud, mezclándose con las familias, que se acercaban una a una a saludarle. Siempre me ha resultado incomprensible que países como Irlanda, Bretaña, Galicia, todo el mundo celta, fueran tan religiosos. Son muy bellos, pero su extrema dureza durante siglos deja ver claramente que, de existir, ese Dios se había ensañado a base de bien con sus habitantes
viernes, 21 de agosto de 2015
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