Me dio la impresión de que el Katorza de Nantes era uno de esos cines que, como el Verdi de Barcelona, había ayudado a estructurar todo un barrio. Cine de autor en V.O., clientela asidua –eso sí: con una media de edad muy alta- que antes de la sesión va a tomar algo en un bar de los alrededores o que, después de la sesión, como hicimos nosotros después de ver el extraordinario film de Desplechin, van satisfechos a cenar en uno de los vecinos restaurantes que diría que han surgido gracias a su presencia.
lunes, 3 de agosto de 2015
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