- Señorita, deme un beso.
- ¡Ay por favor, ay por favor, no diga eso!
- Señorita, deme dos.
- ¡Pasemos al comedor!
- Señorita deme tres.
Antes de subir, avisemos que nos abran las ventanas. Los sagaces contempladores de estos álbumes ya se habrán percatado que para el correcto funcionamiento de una casa así se precisa un nutrido servicio. Hice otra foto a un cuadro de esos que indica al servicio desde qué habitación están llamando, pero salió demasiado oscura.
La escalera nos deja ante esa mampara que parece de oficina de esas antiguas.
Abriendo la puerta, llegamos al distribuidor central de la planta, presidido por otra impresionante chimenea.
Para mí que los artífices de todo esto debían viajar mucho por centroeuropa. Este calefactor, con planchas metálicas y cerámica envolviéndolo, presenta ciertos detalles de los que allí estaban tan extendidos.
En una pared lateral del distribuidor.
Y en la pared lateral opuesta.
El despacho es quizás la pieza con menos florituras. Eso sí: Todas las habitaciones presentan los techos y partes superiores de las paredes con adornos florales pintados, molduras,...
Como la casa ha estado cerrada un tiempo, quizás sea conveniente lavarse las manos.
O una limpieza más a fondo. Cuando se hizo la casa este cuarto de baño debía ser un auténtico lujo. A lo mejor hasta les llegaba agua termal...
Una pieza del mobiliario del baño, junto a la pared de mosaicos.
Y un pequeño lavadero para el servicio.













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