Una foto del viernes, ya anocheciendo. Una familia francesa se hace una foto en Sant Martí d'Empúries con el móvil. De hecho, la madre hace una foto a su hijo frente al Golfo de Rosas, con lluvia al fondo y tormenta por los Pirineos. Pienso ahora que esta foto clandestina que les hice podría tener un valor documental enormemente superior para ellos, años después, que la que ella está haciendo en ese momento.
La foto que heredará el niño de su madre (si llega realmente hasta él en el futuro, porque esto del valor imperecedero de la fotografía y hasta de su probabilidad de conservación creo que está ahora mucho más en cuestión que antes) en el mejor de los casos le traería a la cabeza, vete a saber, este instante. La mía, creo, le aportaría bastante más información, que creo que agradecería, con la boca entreabierta.
En fin. Cosas que reflexiona uno, inútilmente, una mañana de domingo veraniego.

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