Si me preguntaran por series TV de culto de los años 60, sin dudarlo mi mirada se dirigiría hacia “Los Vengadores”, con la maravillosa Emma Peel y el bombín y paraguas de John Steed. Pero, ahondando más en la neblina del recuerdo, aparecería también la extraña “El Prisionero”, en la que Patrick McGoohan hacía de un agente del servicio secreto inglés que, secuestrado, al día siguiente amanecía en un extraño pueblecito junto al mar en el que otros reclusos como él, ante la imposibilidad de fuga, se limitaban a vivir una vida regalada, entregados a los paseos, el juego de ajedrez viviente y así.
Por eso, al preparar el viajecillo a Gales, viendo que alguna guía hablaba de la posibilidad de visitar Portmeirion, el sitio donde se había rodado, emocionado, lo planifiqué como parada ineludible. El desconcierto fue enorme. Portmeirion es un pastiche de casas italianizantes de colores (la serie era, o al menos yo la vi, en blanco y negro) convertido en especie de resort y centro comercial turístico, preocupado en sacar dinero del visitante. Aún así, cierto ambiente general de la serie me venía a la cabeza, y no sólo por los coches eléctricos (“coches de golf” entonces), o por las siluetas y merchandising de la serie. Me pasé el tiempo buscando el emplazamiento del ajedrez viviente, y viendo de respirar el aroma que conservaba, soportando las burlas de Teresa, y nos fuimos a dar un paseo por el borde del mar.
Se ve que Portmeirion es el producto de un propietario de la correspondiente península galesa, entusiasta de la arquitectura y la naturaleza, que hizo ahí el experimento de su vida. Dicen que se inspiró en las villas de la costa amalfitana, y que Marius Escher tomó el sitio como modelo para varias de sus extrañas construcciones.

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