Como he descubierto que a alguna amiga le gusta eso de las ventanas, reincido con otra foto que saqué de una en el barrio de Castello, en Cagliari.
En esta ocasión no se trata de un balcón o ventana cegada, sino bien abierta, con un cierto orgullo de su prestancia, pese a los descascarillados de la pintura de sus compuertas. Debe ser que a ella misma, como a mí, le gusta el dibujo que traza el pequeño parapeto de hierro.

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