martes, 29 de enero de 2013

San Miniato al Monte (Florencia)

Cuando está a punto de anochecer se reúnen ahora ahí la intimerata de turistas para ver la vista de la ciudad, que desde ahí es soberbia.

Al final de la escalinata, la iglesia de San Miniato al Monte.

Recuerdo la primera vez que vimos el interior de la iglesia. Estaba lleno de andamios, porque restauraban sus pinturas. Muy poca gente, y la sorpresa fue que los que trabajaban en la restauración nos estuvieron hablando de su trabajo, haciéndonos ver uno u otro detalle con sus lámparas. Nos resultó, casi, como la escena esa de "El paciente inglés" en la que el soldado cuelga y va haciendo descubrir con una luz a Juliette Binoche los frescos de una iglesia del campo toscano.

A esa hora -y me han dicho que, en invierno, a todas horas, el interior está en la penumbra más absoluta, y debes ir echando en una maquinita monedas de 2 euros, o esperar que un alma caritativa lo haga. Los moscones acuden, entonces, raudos...

Todas éstas son pinturas de la sacristía


Los dos bancos de los que habla Josep Valls en su libro "La ciutat del lliri roig".

En esta foto se aprecia facilmente que las típicas fachadas que cubren las iglesias de la Toscana son únicamente eso: fachadas.

Y al descender, ya oscureciendo, siempre la referencia -iluminada- del Duomo.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Rothesay (Isla de Bute)