Para ir del castillo a la iglesia y al palacio de los condes curiosamente y contra lo que marcan los cánones de que el castillo esté siempre en lo más alto, debe subirse un trecho.
Grajal de Campos se pasa de castillo imponente y, a unos cien metros, en una loma (la vida al revés) de palacio. Por lo demás, una iglesia no muy antigua, una plaza a la que le faltan un par de lados y un resto de caserío que -con perdón- no acaba de esconder la miseria. Quizás es un buen sitio para ver la distinción que existía entre siervos y señores...
Parte limpia de la muralla. El torreón que se pierde a la izquierda de la fotografía ya deja parte de su fábrica como almacenillo de una casa adosada.
Uno de los pocos edificios del caserío con cierta prestancia. Y restaurado.
La parte de atrás del castillo de los condes (la de delante es una mole muy austera) da a la plaza, pero deja claro que no forma parte de ella.
Bajando hacia la plaza, la visión del ayuntamiento y el propio pavimento te hace creer (erróneamente) que vas hacia un sitio imponente.





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